
Al llegar por avión a Auckland, la puerta de entrada a Nueva Zelanda, podrá preguntarse donde queda la ciudad. Muchas personas que llegan por primera vez, e incluso neozelandeses que regresan a casa, se impresionan con el panorama del mar y el bosque que dominan la vista al aproximarse al aeropuerto.
El escenario está dominado por algunos de los 46 montes volcánicos de la ciudad, cuyos pastizales se mantienen perfectamente recortados por esas podadoras de cuatro patas conocidas como ovejas. Y leer los avisos en la autopista le dará una idea inicial de lo inusuales y algunas veces confusos que pueden ser los nombres maoríes de los lugares en el país.
Aun así un par de días en esta ciudad de 1.1 millones de personas le revelará el nivel de desarrollo y de sofisticación que elude la primera impresión. Desde principios de 1990 Auckland se ha desarrollado en más de una manera. Muchas de las tiendas abren siete días a la semana, los bares y clubes nocturnos céntricos acogen a sus clientes habituales hasta altas horas de la noche y una mezcla cosmopolita de polinesios, asiáticos y europeos contribuye a la mezcla cultural. (De hecho, Auckland tiene la población más grande de isleños en el Pacífico). Literalmente por encima de todo está la Sky Tower, de 1,082 pies de altura, que empequeñece todo a su alrededor y es como el faro del complejo de casino, hotel y restaurante que abrió a comienzos de 1996. Este es el rostro más moderno, aunque no tan predominante, de Nueva Zelanda. |